History on Palestine

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This section, as all other sections in the web, intends to be expanded by means of collaborations where writers from different parts of the World add to the understanding of the Palestinian history and Palestinian reality. If you are interested in publishing on this page, please let us know at:

zaytounbordertoborder@gmail.com

All subjects are welcome, but we thought of writing the following to give an idea on what we´re thinking: British Mandate in Palestine: partner in crime * Discourse & Ideology of Early Zionist Settlers * The United Nation´s role regarding the occupation  * Six Day War * Palestinian Political Parties * PLO * The First Intifada * Madrid Conference * Oslo Accords * Camp David Accords * Palestinian Authority * The Second Intifada * History and Present Women´s Movement * NGOs in Palestine: Cooperation & Development * Gaza Now * Palestinians in Israel: history and present * Present Israeli Policies inside and out * Israeli Educational system & content * Map of Control Now * Map of International Players & Actions Now * Palestinian Resistance Now: Where are we Heading

As means of presentation . . .

We understand the occupation of Palestine as a direct result of the colonial interests of the most powerful countries in the Occident – more specifically, of the elites of those countries; a crude formulation of the hegemony with which they pretend to govern the world at all levels: Economic, possession of resources and its containment in just a few hands; Social, practices of social interaction, language, customs and beliefs; Political, judicial structures, formulation and implementation of international law, granting impunity and executing punishment in accordance with the interests of the most powerful countries; and lastly, and perhaps the most important of all and that which strengthens, and sustains the rest, the Epistemic Power, the spheres of generation of knowledge, elaboration of ideological discourses that justify and legitimize all other impositions mentioned.

We are conscious of the oppression and persecution of Jews for centuries in European land; of the massacres, the genocide, and the torture that they suffered as well as the persistence of anti-semitic anti-Jewish racism, which we denounce with as strongly as we denounce anti-semitic anti-islamic and anti-arab racism, as well as all other forms of human disqualification for motives regarding religion, geographic origin, or any other attribute(s).  Side by side, we denounce the massacres, random imprisonment, torture, and systematic violation of human rights on behalf of the government of Israel and the support or silence on behalf of the majority of its population – who do nothing concerning these acts and decide to remain in the state of Israel are accomplices and responsible for the perpetuation of these actions.

With the support of the same powers that once were their oppressors, the State of Israel is using the same tools that were once used against them, making it that less probable that systematic violence will end. The argument that defends the zionist expansion as an indispensable means of protection of the Jewish people is far beyond wrong; it is placing in jeopardy the security and the dignity of the Jewish people, reducing its identity to the figure of the colonizer, disposing them of the possibility to self-represent itself with other aspirations.

The same can be said in relation to the arguments used by the United States – its tight ally-, who in favor of the interests of the elite uses the defense of its ´people´ to carry out expansionists, destructive, and neo-colonial policies, camouflaging this last one as the ´anonymous and inevitable´ (which is neither anonymous nor inevitable), process of globalization (cultural hegemony and capitalist exploitation under the international racial and geographic division of labor, and its benefits). Together with these actions, invasions, and massacres, this “democracy by force” of false democracies, forcing “one path of development” and “modernity”, it presents itself as a martyr for democracy and a human rights defender, which has dangerous consequences for the societies that it attacks, for those it claims to defend, and to the understanding and formulation of the ideal inscribed in the term democracy, and the human rights framework.

Esta sección, como todas las demás secciones en la web está en proceso de construcción, y quiere ser expandida a través de colaboraciones externas de escritores de diferentes partes del mundo para ayudar a la comprehensión de la historia Palestina y su realidad en el presente. Si te gustaría escribir una sección, por favor escribenos a: 

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Todos los temas son bienvenidos, pero pensamos que empezaríamos con éstos para dar una idea de lo que andamos pensando: Mandato Británico: cómplice del crimen * Discurso e Ideología de primeros sionistas * Rol de las Naciones Unidas y desigualdad de poder dentro de la organizaicón  * Guerra de los Seis Días * Partidos Políticos Palestinos * OLP * La Primera Intifada * Conferencia de Madrid * Acuerdos de Oslo * Acuerdos de Camp David * Autoridad Palestina * La Segunda Intifada * Historia del Movimiento Feminista Palestino y su presente * ONGs en Palestina, Planes de Desarrollo y Cooperación * Gaza: historia y presente * Palestino/as en Israel: historia y presente * Políticas domésticas y exteriores de Israel * Contenido del actual sistema educativo de Israel * Mapa de Control * Actores Internacionales y sus intereses detrás * Resistencia Palestina Ahora: A dónde vamos

Entendemos la ocupación de Palestina como resultado directo de los intereses coloniales de los países más poderosos de Occidente –más particularmente de las élites de estos países; una cruda formulación de la hegemonía con la que pretenden gobernar el mundo en todos los niveles: Económicos, posesión de recursos y acaparamiento de éstos; Sociales, prácticas de interacción social, idiomas, costumbres, y creencias; Políticos, estructuras jurídicas, formulación e implementación de leyes internacionales, otorgamiento de impunidad y castigo en acorde a los intereses de los más poderosos; y, por último, y quizás la más importante de todas y aquella que fortalece, y sostiene a las demás, el Poder Epistémico, las esferas de generación de conocimiento, elaboración de discursos ideológicos que justifican y auto-legitiman todas las imposiciones anteriormente mencionadas.

Somos conscientes de la opresión y persecución de los judíos durante siglos en las tierras Europeas; de las masacres, el genocidio, y las torturas que sufrieron y de la persistencia aún del racismo anti-semita anti-judío, a la que denunciamos con la misma fuerza que denunciamos el anti-semitismo anti-islámico anti-árabe, y cualquier otra forma de racismo, o descalificación humana por motivos religiosos, de proveniencia geográfica, o atributos otros. Denunciamos también las masacres, torturas, y violación sistemática de los derechos humanos por parte del gobierno Israelí y el silencio de su población – quienes no actúan al respecto son cómplices y responsables de la perpetuación de tales actuaciones. Con el apoyo de los mismos poderes que una vez fueron sus opresores, el Estado Israelí está utilizando las mismas herramientas que una vez se usaron en su contra haciendo tanto menos probable el fin de la violencia sistemática.

Pensamos que el argumento que defiende la expansión sionista como parte indispensable de la defensa del pueblo judío es mucho más que erróneo; es poner en juego la seguridad y la dignidad del pueblo judío, reduciendo su identidad a la figura del colono, ultrajándole de la auto-representación a partir de otras aspiraciones.

Lo mismo se puede decir al respecto de argumentos expuestos por el gobierno de Estados Unidos, que en pro de los intereses de sus élites utiliza la defensa de ´su pueblo´ para emprender políticas expansionistas, destructivas, y neo-coloniales, disfrazando a esta última como parte del proceso ´anónimo e inevitable´ (que no es ni anónimo ni inevitable), de globalización (hegemonía cultural y explotación capitalista bajo la división internacional racial del trabajo, y sus beneficios). Con estas actuaciones, invasiones, y matanzas,  “democracia por la fuerza” de falsas democracias, imperialismo que se apodera no solo de las gentes, los bienes y las tierras, sino que al hacerlo, se auto-retrata como mártir en la lucha por la democracia y defensa de los derechos humanos, pone en peligro a las sociedades a las que ataca, a las que dice defender, y a nuestro entendimiento de lo que durante siglos se ha tratado de construir a partir del discurso democrático y de derechos humanos.


Fragmentos de la resistencia palestina- primera y segunda Intifada y sus antecedentes

Síntesis del contexto histórico y político hasta el inicio de la primera Intifada:

En el siguiente texto se comentan cuestiones básicas que pueden ayudar a comprender los inicios de las dos Intifadas (levantamiento en árabe) anteriores, y la situación actual. Hay que mencionar el hecho de que todo lo que comenzó como un nacionalismo más durante el siglo XIX, pronto derivó hacía un sionismo político que hizo aparecer un nuevo Estado en las tierras palestinas.

Las causas de las revueltas son profundas y tienen que ver con la creación artificial de Israel en tierras palestinas y con la ocupación. La frustración acumulada durante los años anteriores de la primera Intifada fue excesiva para el inicio de la misma.

Las Intifadas no sólo fueron movimientos sociales, sino forman parte de la acción muy compleja de la resistencia de Palestina.

Desde 1917 hasta el año 1948 Palestina vivió con la presencia militar del mandato británico. El mismo año de la conquista, el Imperio Británico manifiesta su apoyo a través de la Declaración Balfour a las intenciones sionistas de establecer su hogar donde yacían aquellos de los Palestinos, propuesta que desde el primer momento fue rechazada por voces palestinas quienes querían poner fin a la ocupación y formar parte de la Gran Siria, que a la par estaba haciendo esfuerzos por librarse de la ocupación Francesa.  En cuestión de alrededor de un siglo, entre 1850 y 1948, la población judía pasó a ser del 4%, a un 10% en 1917 (83.000), a una tercera parte de la población, 33%, en 1947 (608.000). Un año antes de la retirada británica y de la proclamación del estado de Israel, al tiempo en el que comenzaban las masacres masivas de palestinos, la cifra había aumentado a 608.000 judíos de un total de 1.972.000 habitantes, una tercera parte de la población de Palestina.¹ (Ilan Pappe, 2004). Las estadísticas referidas a la demografía en este trabajo están recogidas en las actas de la Comisión ad hoc sobre Palestina de Naciones Unidas.

Este aumento de la población judía se logró a través de la colonización sistemática. Las primeras oleadas de emigrantes judíos que llegaron al país a mediados del siglo XIX respondían en su mayoría a movimientos de tipo espiritual que buscaban reforzar sus sentimientos religiosos en los escenarios bíblicos de Palestina. En su mayoría fueron emigrantes de Rusia y de otros países de Europa de Este.

Las nuevas oleadas de emigrantes que llegaron al país encuadradas en el movimiento sionista no buscaban simplemente una nueva y mejor vida en tierras extrañas, sino más bien un proyecto de construcción nacional que inevitablemente condujo a la desposesión de los anteriores habitantes de la tierra.

La colonización de Palestina por eso no responde al esquema clásico del dominio colonial. El objetivo final no es el sometimiento y el control político y económico de la población autóctona sino su sustitución por otra. (Laetitia Bucaille, 2004). Más aún, la Agencia Judía, creada en 1923, aspiraba a la creación de una nueva cultura y una nueva memoria. Trataron de borrar las evidencias de previa presencia árabe en los territorios apropiados, crearon sistemas educativos discriminatorios sólo para judíos,  prohibieron sindicatos formados por judíos y musulmanes, y reprimieron  los esfuerzos políticos por la consolidación social entre éstos. Con la ayuda del Mandato, crearon órganos legislativos y ejecutivos independientes, mientras que la población palestina veía a sus líderes engañados, y cuando no, asesinados por los británicos, quienes sólo permitían que árabes simpatizantes con éste tomasen cualquier posición de influencia o poder. (Ilan Pappe, 2004).

Los enfrentamientos entre palestinos y judíos no empezaron con la creación artificial del estado sionista, sino años antes. Durante los años treinta del siglo pasado los sionistas se encargaron de la adquisición de tierras de los campesinos palestinos. Cientos de campesinos, los más pobres, se vieron expulsados de sus hogares y de las tierras que habían cultivado durante generaciones. No todos se resignaron, se formaron partidas de aldeanos armados que intentaban volver a sus antiguas labranzas y terminaban en enfrentamientos con los colonos, también armados.

Desde los primeros años del mandato, el rechazo de la sociedad Palestina al proyecto sionista se tradujo en un estado de agitación social permanente, disturbios, manifestaciones y la consiguiente represión de las fuerzas británicas. En las zonas rurales surgieron bandas de guerrilleros dirigidas por líderes locales, que más tarde fueron expulsados para no poder lograr una resistencia unida.

En agosto de 1929 se produjeron violentos enfrentamientos entre musulmanes y judíos en la ciudad vieja de Jerusalén, en la década que le seguía, hasta el año ´36, los enfrentamientos entre los palestinos y los colonos causaron ya centenares de muertos.

En 1936 se convocó una huelga general en toda Palestina, la que los británicos reprimieron con extrema dureza; más de tres mil muertos, decenas de dirigentes del levantamiento ajusticiados en la horca, dos mil casas destruidas. En la memoria Palestina, la revuelta de 1936, que duró, como la guerra civil española, hasta 1939, fue su primera Intifada. (Teresa Aranguren, 2012). Terminó con un trágico balance de muerte y destrucción, pero también con lo que parecía un logro político: el gobierno británico se comprometía a ajustar la llegada de emigrantes judíos a las capacidades demográficas de la tierra. Proponían, en un principio, limitar la emigración judía en los siguientes cinco años, hasta el año 1944, que era la final de la segunda guerra mundial, final del holocausto judío y conceder la independencia a Palestina en un plazo de diez años.

Durante los años de la segunda guerra mundial, la situación en Palestina está fuera de control. Hay enfrentamientos, ataques, represalias, una espiral de violencia a la que no se ve final. Miles de judíos europeos que huyen de la persecución nazi tratan de llegar al país. (Laetitia Bucaille, 2004).

El 29 de noviembre de 1947 la Asamblea General de Naciones Unidas, fuertemente presionada por Estados Unidos, aprobó la resolución de partición de Palestina en dos estados, uno árabe y otro judío. Gran Bretaña, quien seis años antes había sido responsable de aniquilar a los líderes nacionalistas Palestinos, se abstuvo en la votación. Un informe minoritario que abogaba por un Estado unitario basado en el principio democrático también fue presentado, pero éste, habiendo recibido el mismo número de apoyos como de detractores, fue rechazado.  La población de Palestina en ese momento era de 1.972.000 habitantes, de los cuales 608.000, una tercera parte, eran judíos. En ése momento el 47,7% de las tierras eran propiedad de Palestinos, un 6,6% estaban en manos judías sionistas, y el 46% restante eran tierras comunales y públicas. La Resolución aprobada otorgaba el 57% del territorio al futuro estado judío (33% de la población) y un 43% al estado árabe (67% de la población), que pronto se quedaría con tan sólo 22% del territorio, tras la Nakba, donde tantos perdieron sus casas, tierras, y vidas.

Al aprobarse la resolución, los árabes rechazaron la división de Palestina, alegando que violaba el artículo primero de la Carta de Naciones Unidas sobre el derecho de autodeterminación de los pueblos.

Las fuerzas británicas se mantuvieron en Palestina medio año más, hasta el 15 de mayo de 1948. Ese mismo día se proclamó el estado de Israel, y ese mismo día los países árabes vecinos, Egipto, Jordania, Siria, Irak y Líbano, le declararon la guerra. Los ejércitos árabes contaban con 20.000 soldados, en cambio, las fuerzas israelíes, financiadas ya en ese momento por Washington y los lobbies judíos americanos, tenían una excelente preparación militar, mejor armamento y un número superior de combatientes. La de 1948 fue la primera derrota militar árabe frente a Israel.

Cuando se firmó el último armisticio, en julio de 1949, el nuevo estado había conquistado más terreno del que le asignaba en el Plan de Partición de Naciones Unidas: Las fronteras de Israel abarcaban el 78% del territorio de Palestina. Los sobrevivientes de las masacres fueron expulsados de sus tierras, convirtiéndose cerca de un millón de palestinos en refugiados, que ahora mismo suman 6 millones de personas que nunca se les permitió volver. Para los palestinos esto se conoce como la Nakba, catástrofe. Dependiendo de con quien se hable, la Nakba como tal no ha acabado, eso sería sólo el principio. Palestinos continúan muriendo a causa de la ocupación por medios violentos directos a mano del ejército, e indirectos, como la privación del agua por robo, y envenenamiento de los riegos que envenena a su vez los campos y su cosecha privando también de sustento alimenticio; la desposesión de más tierras que suponen el sustento de familias palestinas, el desplazamiento en zonas rurales y  urbanas, usurpación de hogares y otras posesiones que no sólo tienen como consecuencia la pérdida material de éstas, si no que resulta en pérdidas de lazos y organizaciones sociales, y en muchos casos la pérdida del carnet de residencia del municipio en el que residían en Israel, lo que les impide acceder a servicios educativos y sanitarios, dejando a muchos en un limbo, ya que pasan a no ser legalmente parte ni de Cisjordania, ni de Gaza, ni de Israel, aunque vivan en esas tierras. Por esto la Nakba no acabó ahí.

En 1967 Cisjordania, Gaza, y Jerusalén Este, que son el 22% del territorio que quedaba de Palestina, fueron también ocupadas. Tras esa traumática derrota, al final de la década de los sesenta, que fueron años de rebelión, empezó un movimiento de liberación que no era sólo de Palestina sino de todos los pueblos árabes. Egipto perdió en la guerra de los seis días contra Israel, lo que hizo que firmaran tratados de paz con el estado sionista. Israel, además de ocupar lo que quedaba de Palestina en 1967, ocupó los Altos de Golán de Siria, y la península Egipcia del Sinaí. Hasta el estallido de la primera Intifada se cometieron numerosos crímenes de guerra, matanzas terribles contra el pueblo palestino, sumadas a la violencia sistemática contra los palestinos dentro y fuera de Israel.

La Intifada de las piedras: La primera Intifada Palestina: 1987-1994

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Desde los años sesenta se puede hablar de una organización bastante grande de movilización social y política (formación de grupos de apoyo, creación de estructura política de Balata, organización de manifestaciones contra la ocupación israelí) entre la población del campo de refugiados de Balata, lugar de inicio de la primera Intifada. Luchas que terminaron en 1982 en enfrenamientos con el ejército israelí en el campo de refugiados. En efecto, los activistas de Al-Fatáh del campamento afirman que la Intifada se inició en Balata, a partir del ´82, y que progresivamente se fue extendiendo por el resto de los territorios ocupados en el ´67. Balata inició una forma de rebelión con cócteles molotov y piedras.Los campos de refugiados, focos tradicionales de insurrección en los territorios ocupados, fueron los precursores de la revuelta. La Intifada pone de manifiesto la irrupción de jóvenes de clases populares en el terreno político. (Laetitia Bucaille, 2004).

El 9 de diciembre de 1987, un jeep del Tsahal (Ejército del estado sionista también conocido como la Haganá) choca con  un vehículo que transporta obreros palestinos que trabajan en Israel. Cuatro de ellos, residentes en Yabalía (otro campo de refugiados en los territorios ocupados), mueren en el acto. Se extiende el rumor de que la colisión ha sido un acto voluntario destinado a matar a unos cuantos palestinos. Al cabo de unas horas, una oleada de rabia espontánea estalla en el campamento de Yabalía, situado al norte de La Franja de Gaza; cientos de manifestantes atacan los puestos de vigilancia y control del ejército israelí. La insurrección se propaga en los campamentos de refugiados, en los barrios populares y en las ciudades de Gaza y de Cisjordania.

Las formaciones políticas evalúan rápidamente la magnitud del movimiento y deciden estructurarlo. A raíz de una revuelta espontánea, se crea el MNUL (Mando Nacional Unificado del Levantamiento), grupo de liderazgo de la primera Intifada. En él se agrupan cuatro formaciones entonces pertenecientes a la OLP: al-Fatá, el Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP), el Frente Democrático para la Liberación de Palestina (FDLP) y el Partido Comunista Palestino (PCP). El objetivo es reunir a las diferentes fuerzas políticas a fin de lograr la implicación de toda la sociedad Palestina. Los representantes de las distintas formaciones, miembros del MNUL, elaboran el programa de la sublevación. Difunden sus mensajes a través de comunicados escritos. Los comités populares, que en un principio se habían constituido en los barrios de forma espontánea, se someten al control político. Los mensajes rápidamente serán prohibidos por la administración militar israelí y pasarán a la clandestinidad.

Es importante mencionar que los movimientos políticos de Palestina tienen una larga historia, que fue tomando diferente forma al enfrentarse con la Ocupación Británica, tomando más fuerza en el siglo XX, y transformándose complejamente a la par que la Ocupación persiste, ahora siendo Israel el ocupante. Así pues, los movimientos políticos existen desde antes del inicio de la Intifada, de las manifestaciones que se multiplican y de la formación en diciembre de 1987 de los comités populares, aunque aquí nos enfoquemos en lo que se conoce como la Primera y Segunda Intifada (James Petras, 2002).

El MNUL elabora un programa de acción que persigue descomponer la dependencia de la sociedad Palestina de las estructuras de la potencia ocupante. Los panfletos que redacta llaman a boicotear los actos administrativos y los productos israelíes, al impago de IVA por los comerciantes, a la dimisión de los funcionarios empleados por la administración civil israelí, sobre todo la de los agentes de policía. Un comunicado invita asimismo a los trabajadores palestinos a que renuncien a la venta de su fuerza de trabajo en Israel. Bajo el impulso de los militantes políticos, la población participa en el movimiento de desobediencia civil. El primer año de Intifada cuenta con el apoyo masivo de la población. Constantemente se fijan días de huelga y manifestaciones, el objetivo es lograr la unidad de la población.

Las manifestaciones consisten en enfrentamientos entre la población, adolescentes en su mayoría, y los soldados del Tsahal. Los primeros lanzan piedras mientras que los segundos replican con gases lacrimógenos y balas de goma (recientemente se ha demostrado que Israel utiliza balas metálicas cubiertas de goma; cuándo empezó a utilizarlas es inconcluso). Esta desproporción descomunal de fuerzas ha estado presente a lo largo de toda la historia de la ocupación y persiste hasta hoy.

La difusión televisiva a escala internacional convierte estos enfrentamientos en el símbolo de la resistencia de los palestinos de los territorios ocupados contra la potencia israelí. A los ojos del mundo, la Intifada es la guerra de las piedras.

De forma sistemática, las cabezas pensantes de la Intifada aspiran a sentar las bases de la autosuficiencia mediante el establecimiento de circuitos alternativos palestinos. Su programa de acción pretende demostrar que los palestinos de los territorios ocupados disponen de los recursos necesarios para administrarse ellos mismos y desmontar así el argumento de que la integración en Israel de Cisjordania y de La Franja de Gaza es un hecho irreversible y necesario. Hace falta transformar la sociedad y de los miembros de ésta, de mejorar su sentido de responsabilidad, de la colectividad, de su capacidad para resistir a la ocupación y esquivar sus reglas. Para ello cuentan con la buena voluntad y la colaboración de todos. Ante la clausura de las escuelas y de las universidades impuesta por la administración militar israelí, los profesores se encargan de dar las clases reuniendo a los alumnos y estudiantes en casas o pisos de particulares. Los médicos dispensan asistencia gratuita. Para seguir la consigna de boicotear los productos israelíes, especialistas agrícolas proporcionan consejos a las familias para que éstas cultiven un huerto y produzcan ellas mismas determinados productos.

La estrategia de la Intifada resulta a todas luces innovadora; rompe con la tradición de la lucha armada formulada y practicada por la OLP desde hace varias décadas. Por medio de iniciativas de desobediencia civil, pretende convertirse en un movimiento de masas y suscitar determinadas formas de autogestión. Los comunicados invitan a acciones no violentas, o cuando menos a acciones cuyo carácter violento es limitado.

Se puede hablar de una serie de acciones no violentas en el caso de la primera Intifada hasta los principios de los años noventa. De hecho, en este caso el uso de la violencia es la que rompe con la unidad inicial de la población. Así pues, el fracaso de la Intifada proviene de la dificultad de sus protagonistas de articular las dimensiones nacionalista y social.

En una primera fase, la irrupción de los jóvenes de las clases desfavorecidas asegura el dinamismo del movimiento. A partir de 1990, estos jóvenes, se aíslan del resto de la sociedad e intentan prolongar el pensamiento único valiéndose de la coacción y el uso de la fuerza. (Laetitia Bucaille, 2004).

La Intifada también consiste en todo un rosario de actos de valentía. Ocultar el rostro bajo la qafiya, realizar pintadas políticas en las paredes, enarbolar la bandera Palestina, sustraerse a la vigilancia del ejército durante el toque de queda, distribuir los comunicados del MNUL. Se trata de una seria de desafíos de la vida cotidiana que sirven a los habitantes de los territorios ocupados para plantar cara a Tsahal y afirmar la personalidad y la existencia del pueblo palestino.

Esta actitud altera la percepción entre ocupados y ocupantes, proporcionando a los primeros una dignidad que habían perdido desde la instalación de la administración militar israelí. La Intifada es un levantamiento no sólo contra la ocupación, sino contra el sometimiento y la humillación también. El estallido fue espontáneo, fruto de la rabia acumulada durante más de medio siglo de extorsión, y ocupación.

A pesar de las privaciones y las dificultades que comportan la lucha y la represión, el impulso de movilización da esperanzas a los palestinos. Durante este periodo, los habitantes de Cisjordania y Gaza ganan confianza en sí mismos, a pesar de su inferioridad estructural respecto al estado sionista, están dando muestras de su determinación y su heroísmo. Mujeres, adolescentes, una multitud de gente corriente, sin que sean necesariamente militantes de un partido político, persisten en afrontar el desafío a su manera.

El discurso de liberación de la Intifada entiende que tirar piedras en contra de un tanque miembro de las fuerzas que están poniendo en peligro tu vida y la de tu gente es un acto de defensa propia contra la aniquilación sistemática de un pueblo, y una cultura, y por lo tanto, no se puede denominar como un acto violento si no de defensa propia. A medida que la represión aumenta, se comienza a pensar por parte de algunos palestinos, que hace falta utilizar los mismos medios que está utilizando Israel para combatirlo y deciden aplicar entonces la violencia directa.

En los primeros cinco años hubo 1.283 civiles palestinos muertos (más de trescientos eran niños menores de catorce años), 120.000 heridos, más de 600 casas demolidas y 22.000 personas encarceladas. Murieron treinta y un civiles y veintiocho soldados israelíes. La Intifada de las piedras terminó para dar paso a los acuerdos de Oslo. O quizás fueron los Acuerdos de Oslo los que terminaron con la Intifada.

Los acuerdos de Oslo, que iba a ser la última y definitiva fase del proceso de paz,  en realidad estaba muy lejos de la misma. Después de la Intifada, el ejército sionista seguía controlando el 90% del territorio de Cisjordania y Gaza, y tras haberse comprometido  en los acuerdos a trabajar por un proceso de institucionalización de un estado Palestino, y liberación de su pueblo, el número de colonos en los territorios ocupados en el ´67 (aquellos que se comprometían a devolver), se duplicó en los 6 primeros años bajo el acuerdo, entre 1993 y 1999.

El paseo de Sharón:  Intifada Al-Aqsa

La Segunda Intifada: 2000-2002

La segunda Intifada no empezó en Gaza, sino en Jerusalén, Cisjordania.

El 28 de septiembre de 2000, Ariel Sharón, rodeado de un contingente de más de dos mil soldados y policías decidió darse un paseo por la explanada de las mezquitas. El líder del movimiento de colonos y próximo candidato del Likud hizo un acto que con razón fue interpretado como una provocación.

Los primeros disparos y los primeros heridos cayeron por el recinto de la explanada. Después se corrió la voz y las callejuelas de la ciudad vieja se convirtieron en campo de batalla.

Dos días después había treinta palestinos muertos, más de quinientos heridos y una nueva Intifada que no iba a ser sólo con piedras.

El 30 de septiembre un cámara de una cadena de televisión francesa grabó la muerte del niño Muhammad Durra en los brazos de su padre, en el cruce del asentamiento de Netzarin, en Gaza. La secuencia grabada dura cuarenta y cinco minutos. Hubo una escena, que el cámara, desde la posición en que estaba, no pudo firmar: la llegada de la ambulancia que intentó rescatar al niño y al padre y los disparos de los soldados que se lo impidieron y la muerte del conductor.

A mediados de octubre el número de muertos se contaba por centenares.

La Intifada de 2000, que se llamó “de las mezquitas”, comenzó con piedras pero, a diferencia del levantamiento del 87, no siguió sólo con piedras. En los enfrentamientos con el ejército, policías palestinas respondían con fuego real al fuego real de los soldados israelíes. (Teresa Aranguren, 2012).

Los nostálgicos de la primera Intifada abogan por una nueva revuelta para que la sociedad palestina vuelva a estar unida en torno a unos objetivos nacionales. De hecho, los enfrentamientos que han ido multiplicándose desde septiembre de 2000 no se asemejan en nada al movimiento de desobediencia civil de masas que agitó los territorios a finales de los años ochenta. (Laetitia Bucaille, 2004).

No tardarán en reaparecer entre la población las divergencias en los puntos de vista y los intereses.

Al igual que en diciembre de 1987, la Intifada de al-Aqsa (el nombre es por la mezquita al-Aqsa) se inicia con una explosión popular, que se produce como una reacción a un acto israelí percibido como una provocación.

Los jóvenes atacan lanzando piedras a los campos militares israelíes y los enfrentamientos se propagan por todos los territorios palestinos.

Durante la primera Intifada, las formaciones políticas aprovechan la ira popular espontánea para encauzarla en un movimiento de lucha. La definición de una línea política, de unos objetivos y modelos de acción permiten prolongarla y movilizar a sectores enteros de la población.

En 2000, la rabia y la desesperación de adolescentes dispuestos a enfrentarse con piedras al fuego real ceden el sitio a grupos de activistas armados pero poco coordinados y poco eficaces.

El conflicto se desarrolla esencialmente entre militares profesionales dotados de equipamiento ultrasofisticado y los shebab (grupos de activistas) provistos de M16 y de granadas. (Laetitia Bucaille, 2004).

Esta vez, los palestinos pueden disponer de unas armas ligeras, pero el margen de maniobra de éstos es mínimo. En primer lugar, el entorno geográfico de los palestinos, cuyas ciudades y pueblos están ocupados por el estado sionista, y más directamente por el Tsahal, reduce su capacidad de elaborar una táctica de guerrilla. Por otra parte, la existencia de una Autoridad Nacional les priva de libertad en la toma de decisiones (hecho relevante para entender la situación actual también), por lo que ninguna estructura política ha podido asumir la dirección efectiva de la Intifada. Por último, quizás lo más importante, la represión israelí constantemente agota la capacidad de resistencia de la sociedad palestina.

Desde el punto de vista de la táctica militar, los disparos en dirección a los puestos militares israelíes son ineficaces, y durante el primer año de la Intifada, los shebab no consiguen alcanzar a los soldados sionistas protegidos con cascos y chalecos antibalas, y resguardados detrás de eficaces sistemas de protección. Esta técnica de acoso no resulta productiva, muy al contrario, da argumentos al ejército israelí para justificar su presencia y la represión que opera. Así, el Tsahal no tiene ningún reparo en replicar atacando a objetivos civiles. El Tsahal también lleva a cabo una política sistemática de eliminación de los activistas palestinos.

El año 2000 y el milenio terminó en un reguero de sangre. En los últimos tres meses del año la cifra de muertos palestinos se acercaba al medio millar. A ello se sumaba la muerte de trece ciudadanos árabes israelíes por disparos de la policía en la represión de una manifestación de solidaridad con la Intifada en el norte de Israel. En esos tres meses, tres atentados suicidas causaron la muerte de treinta y siete israelíes y más de un centenar de heridos.

Hay un incremento de los atentados suicidas a partir del año 2001 como forma de resistencia del pueblo palestino.

Si la Intifada representa una oportunidad para los shebab de recuperar el poder y el estatus que en años anteriores habían perdido, no está claro que ganen la prueba de fuerza dentro de su propia sociedad.

Al elegir la vía de negociación política, Yassir Arafat, expuesto a las exigencias israelíes y hostigado por la comunidad internacional, no puede asumir la dirección de la lucha contra Israel. Su presencia también impide la formación de un mando unificado siguiendo el modelo de la primera Intifada.

La Autoridad Palestina se debate entre apostar por la preservación de su crédito internacional o apoyar a los shebab. Tiene que soportar la presión política y militar del Estado hebreo y de Estados Unidos, lo que la coloca en falso frente a la población. Arafat en diciembre de 2001 parece ceder a las exigencias israelíes y norteamericanas cuando pide que cese la violencia.

Pero la lucha, los atentados suicidas, las diferentes formas de la resistencia siguen operando.

En enero de 2001 hubo aún un último intento de salvar el llamado proceso de paz, entre Arafat, Ehud Barak y Bill Clinton. El 6 de febrero eran las elecciones en Israel. Se estaba en vísperas de una nueva era. La era de Bush y la era de Sharón.

En abril de 2002 se inicia la operación muro de defensa, que comenzó cuarenta y ocho horas después de un atentado suicida que causó veintinueve muertos, una operación de gran envergadura y sin precedentes que afecta a varias ciudades palestinas y que apunta en especial al campo de refugiados de Yenín y el casco antiguo de Nablús (norte de Cisjordania). El ataque provocó la indignación de la comunidad internacional.

Sobre el campo cae una lluvia de obuses y de misiles lanzados desde helicópteros. Con el fin de habilitar carreteras practicables para la maquinaria del ejército, y para asegurar una mayor seguridad al paso de las unidades de infantería, las excavadoras arrasan hileras enteras de viviendas. Los locales de las oficinas que representan a la Autoridad Palestina también son atacados sistemáticamente. Los combatientes palestinos, resguardados y provistos de armas ligeras y explosivos, libran batalla. A pesar de su inferioridad numérica y material, consiguen tender una emboscada a los militares israelíes en el transcurso de cual mueren trece soldados. Como respuesta del ejército, decenas de casas son dinamitadas. Los hogares son sistemáticamente registrados con brutalidad. Se llevan a hombres y niños para que las unidades de Tsahal los utilicen como escudos humanos y les faciliten la entrada en las casas.

Al cabo de unos días aguantando todo lo que podían, los últimos combatientes palestinos suspenden la resistencia. La cifra de muertos palestinos varia según las fuentes entre 54 y 200, veintitrés soldados israelíes resultaron muertos y 60 fueron heridos en el curso de los combates. Para el 17 de abril, cuatro mil personas han perdido su techo. El aislamiento fue total, la zona quedó completamente cerrada y ningún periodista pudo permanecer en el lugar mientras duró la operación. Las organizaciones humanitarias no fueron autorizadas a entrar en el campo y no pudieron socorrer a los heridos. Las acciones que llevó a cabo el ejército sionista eran crímenes de guerra, por ejemplo; las ejecuciones extrajudiciales, la utilización de palestinos como escudos humanos, la omisión de asistencia médica y humanitaria, la demolición de viviendas y la destrucción de bienes.

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